Un pueblo al final de la vía
A Aguas Calientes no llega ninguna carretera. Se accede en tren, siguiendo el curso del río Urubamba, desde Ollantaytambo o desde Poroy, en las afueras de Cusco, con PeruRail o Inca Rail. La vía desciende por un cañón cada vez más estrecho, hasta que las laderas del valle se vuelven casi verticales a ambos lados.
Aunque su nombre oficial es Machu Picchu Pueblo, casi todo el mundo lo sigue llamando por el antiguo. Encajonado entre el río y las vías, es un apretado entramado de hoteles, restaurantes y el mercado. Prácticamente todas sus calles viven de alimentar, alojar o transportar a quienes se dirigen a la cresta que se eleva sobre el pueblo.
La mayoría de los visitantes pasa aquí al menos una noche. Si no se quiere tomar un tren antes del amanecer, dormir en el pueblo es la única forma realista de llegar a la puerta para los primeros turnos de entrada.
Por la carretera Hiram Bingham
La subida dura unos 25 minutos. Los autobuses lanzadera salen de la parada junto al río y ascienden trabajosamente por un camino de tierra lleno de curvas cerradas, con un precipicio que se vuelve más pronunciado a cada vuelta.
La alternativa es subir a pie. Desde Puente Ruinas, el puente situado bajo el pueblo, una empinada escalinata de piedra lleva hasta la entrada del santuario. Quien esté en buena forma suele tardar alrededor de una hora y media, y casi todo el trayecto son escalones.
Los billetes del autobús se venden en el pueblo y por internet; el precio figura en la taquilla. Es aconsejable comprar también por adelantado el de bajada, porque a media tarde la cola para descender puede ser larga.
Lo que cuentan las piedras
Se trata de una ciudad inca del siglo XV que suele vincularse al emperador Pachacútec. Ocupa una silla de montar entre dos picos, a unos 2,400 metros de altitud. Hiram Bingham la dio a conocer al mundo en 1911, y la UNESCO la inscribió en su lista en 1983.
Cada entrada asigna un circuito fijo de sentido único, de modo que en una sola visita no se puede verlo todo. Según la ruta, merece la pena fijarse en lo siguiente:
- Las terrazas agrícolas, escalonadas sobre la ladera y donde a menudo pastan llamas
- El Templo del Sol, una torre curva de bloques de granito perfectamente ensamblados
- El Templo de las Tres Ventanas, orientado hacia la plaza principal
- El Intihuatana, una piedra ritual tallada sobre una plataforma elevada
- El mirador de la Casa del Guardián, desde donde se toma la clásica fotografía de toda la ciudad
El verdadero atractivo es la cantería. Vistos de cerca, los mejores muros están labrados con tal precisión que los bloques encajan sin argamasa.
La franja de las 7am
La afluencia de público en Machu Picchu depende del sistema de entradas con horario, y nuestros datos de visitantes no dejan lugar a dudas. La hora más tranquila es de 7am a 8am, tanto entre semana como en fin de semana: justo después de que se abran las puertas, a las 6:30am, y antes de que los trenes de la mañana traigan a los excursionistas de un día.
Procure no coincidir con un fin de semana entre las 12pm y las 3pm. Es el tramo de mayor afluencia, cuando los grupos se amontonan en las estrechas escaleras del circuito.
Los turnos tempranos tienen además otra ventaja. Al amanecer, las nubes suelen cubrir el valle y, a medida que avanza la mañana, se van retirando de los picos. Ver cómo las ruinas emergen de la niebla bien vale madrugar. Tenga en cuenta que el horario puede variar a lo largo del año, por lo que conviene consultar en la web oficial el de este mes.
Cómo pasar el control de acceso sin contratiempos
Aquí las normas se aplican con rigor, y un error en la puerta sale caro. El número de visitantes diarios es limitado y las entradas se venden para una hora concreta, así que reserve con mucha antelación, ya sea en la web oficial de venta del Ministerio de Cultura o a través de una agencia autorizada. En temporada seca, las entradas para Huayna Picchu y la montaña Machu Picchu son las primeras en agotarse.
En la entrada:
- Lleve el pasaporte original con el que hizo la reserva. El personal comprueba que el nombre coincida con el de la entrada.
- Llegue dentro de su franja horaria. A quien se presenta tarde se le puede negar el acceso.
- Viaje ligero. Las mochilas grandes, los trípodes, los drones y los bastones con punta metálica están restringidos; hay consignas fuera de la entrada.
- Vaya al baño antes de entrar. Los únicos servicios están fuera del control, y el circuito no vuelve hasta ellos.
Dentro, no se salga del sendero señalizado, no trepe por los muros y no coma entre las ruinas. Si cruza un cordón, los vigilantes le llamarán la atención con el silbato. Si no ha reservado guía, en la entrada esperan guías autorizados; en algunos circuitos, ir acompañado de uno es obligatorio.
Meses secos y meses verdes
El clima transforma el viaje. De mayo a septiembre es la temporada seca: cielos más despejados, madrugadas frías y la mayor demanda de entradas y trenes. Son los meses que hay que reservar con más antelación.
De noviembre a marzo llegan las lluvias, con aguaceros por la tarde, escalones de piedra resbaladizos y terrazas mucho más verdes. El Camino Inca clásico cierra todos los meses de febrero por mantenimiento, pero el santuario permanece abierto. Sea cual sea el mes, lleve un impermeable ligero, protector solar y repelente de insectos, ya que los jejenes de las terrazas inferiores son una molestia conocida.
Después de las ruinas, de vuelta en Aguas Calientes
La mayoría de los visitantes dedica entre tres y cuatro horas al recinto, así que a primera hora de la tarde ya está de vuelta abajo. El pueblo debe su nombre a las aguas termales situadas en lo alto de la calle principal, un lugar muy concurrido para aliviar las piernas doloridas tras tantos escalones.
Cerca de Puente Ruinas, el Museo de Sitio Manuel Chávez Ballón explica las excavaciones y la obra de los constructores incas. Junto a él hay un jardín botánico con orquídeas. Ambos quedan a un corto paseo del pueblo por la carretera que bordea el río, y son una forma más sosegada de pasar las últimas horas antes de tomar el tren de regreso valle arriba.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se sube de Aguas Calientes a Machu Picchu?
Puede tomar el autobús lanzadera por la carretera Hiram Bingham, un trayecto de unos 25 minutos, o subir a pie por la empinada escalinata que parte de Puente Ruinas, lo que a una persona en buena forma le lleva alrededor de una hora y media. A Aguas Calientes solo se llega en tren desde Ollantaytambo o Cusco (Poroy), o bien caminando.
¿Cuál es el momento más tranquilo para visitar Machu Picchu?
De 7am a 8am, tanto entre semana como en fin de semana. El tramo de mayor afluencia es de 12pm a 3pm los fines de semana, así que conviene evitarlo si es posible. Actualmente las puertas abren a las 6:30am, aunque el horario puede cambiar según la temporada.
¿Cuánto tiempo hay que dedicar a la visita?
Calcule entre tres y cuatro horas para recorrer el circuito asignado. Si tiene entrada para Huayna Picchu o la montaña Machu Picchu, necesitará más tiempo, ya que ambas son ascensos empinados.
¿Hay que reservar las entradas con antelación?
Sí. El aforo es limitado y cada entrada tiene una hora asignada y un circuito fijo. Resérvela en la web oficial del Ministerio de Cultura o a través de una agencia autorizada, sobre todo entre mayo y septiembre, y lleve el pasaporte con el que hizo la reserva.
¿Qué más se puede hacer cerca de Aguas Calientes?
Puede darse un baño en las aguas termales del pueblo o acercarse al Museo de Sitio Manuel Chávez Ballón y al jardín botánico situados cerca de Puente Ruinas, ambos a un corto paseo junto al río.
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