Una aguja blanca en medio del tránsito
El tránsito lo rodea por todos lados. Por la Avenida 9 de Julio desfilan anchas franjas de coches y autobuses, además de los carriles rojos del Metrobus. La Avenida Corrientes la atraviesa y la Diagonal Norte desemboca en ella en ángulo. Así, el Obelisco queda sobre una isleta en la que confluyen tres grandes vías.
El fuste, liso y de tono claro, mide unos 67 metros y tiene una pequeña ventana cerca de la punta. No hay estatua ni fuente ni adorno alguno. Todo el diseño descansa en esa austeridad, y gracias a ella el monumento se distingue con nitidez a varias cuadras de distancia desde cualquiera de esas avenidas.
La memoria de la piedra
Se inauguró en 1936. La ciudad lo encargó para conmemorar el cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires, obra de Pedro de Mendoza en 1536. Lo proyectó el arquitecto modernista Alberto Prebisch y se levantó a una velocidad asombrosa: bastaron unas pocas semanas, algo de lo que los porteños todavía se enorgullecen.
Está revestido de piedra blanca de Córdoba, provincia del interior del país. Si rodea por completo la base, descubrirá inscripciones en sus caras, cada una dedicada a un momento fundacional:
- La primera fundación de la ciudad, a cargo de Mendoza, en 1536
- La segunda y definitiva, obra de Juan de Garay, en 1580
- El primer izamiento de la bandera argentina en la ciudad, en 1812
- La federalización de Buenos Aires como capital del país, en 1880
La inscripción sobre la bandera no es casual. En este mismo lugar se levantaba la iglesia de San Nicolás de Bari, donde se izó por primera vez la bandera en Buenos Aires, hasta que fue demolida para ensanchar las avenidas. El monumento rinde así homenaje a un edificio que ya no existe.
Cómo llegar a la isleta
Lo más práctico es ir en subte. Justo debajo de la plaza hay un nudo de combinación donde coinciden tres líneas:
- Línea B: estación Carlos Pellegrini, sobre Corrientes
- Línea C: estación Diagonal Norte
- Línea D: estación 9 de Julio
Como las estaciones están comunicadas bajo tierra, es uno de los puntos de transbordo más sencillos de la ciudad. Necesitará una tarjeta SUBE, la misma que se usa en los autobuses urbanos y en el Metrobus, que tiene sus propias paradas muy cerca, en el bulevar central de la 9 de Julio.
Cruzar la 9 de Julio a pie suele llevar más de un ciclo de semáforo. Los vecinos no intentan atravesarla de una sola carrera, sino que esperan en las medianas entre un tramo y otro. Conviene hacer lo mismo, aunque parezca que el siguiente semáforo está cerca.
Cuando la ciudad se vuelca a la 9 de Julio
La mayoría de los días, el Obelisco no es más que un telón de fondo. Unos pocos días al año, en cambio, se convierte en el centro del país. Cada vez que Argentina gana algo importante en el fútbol, la gente acude en masa para cantar, treparse a las farolas y llenar la avenida. Las imágenes que siguieron a la final del Mundial de 2022 dieron la vuelta al mundo. También suelen confluir aquí las marchas y protestas políticas.
Si coincide en la ciudad con un partido decisivo, decida de antemano si quiere sumarse a la celebración. Es una multitud alegre, compacta y ruidosa, y las calles de los alrededores se cierran al tránsito. En cualquier caso, guarde el teléfono y la cartera en los bolsillos delanteros, porque en estas concentraciones abundan los carteristas.
Al caer la noche, el monumento se ilumina. A veces la ciudad cambia la iluminación o coloca algo sobre el fuste para recordar una causa o una fecha, de modo que su aspecto puede variar de una visita a otra.
Quedar «en el Obelisco»
Cuando los porteños necesitan un punto de encuentro que nadie pueda confundir, dicen «nos vemos en el Obelisco». Para la mayoría de los vecinos es eso, una referencia fija, más que un lugar que visitar. Algunas costumbres le facilitarán la visita:
- Precise la esquina. «En el Obelisco» abarca una plaza enorme, así que conviene acordar un lado concreto, por ejemplo el de Corrientes, frente a los teatros.
- Saque las fotos desde las medianas o las aceras, nunca desde la calzada. La mejor toma frontal se consigue mirando a lo largo de Corrientes o de la 9 de Julio, desde las isletas de los pasos peatonales mientras el semáforo está en rojo.
- No cuente con entrar. El interior suele estar cerrado al público, y el estrecho acceso por dentro del fuste no forma parte de ninguna visita habitual.
- Vigile sus pertenencias. Al ser uno de los rincones más visitados de la ciudad, siempre hay muchos turistas, y un bolso abierto sobre un banco es una presa fácil.
No hay colas, ni entradas, ni vallas, así que puede acercarse a cualquier hora. A primera hora de la mañana logrará las fotos más limpias y con menos gente en el encuadre, aunque el tránsito no se detiene nunca.
Pizza y marquesinas en Corrientes
El encanto de recorrer la zona cuadra a cuadra está en la Avenida Corrientes. Este tramo es la gran calle teatral de la ciudad, con enormes marquesinas que anuncian revistas, comedias y musicales. Teatros como el Gran Rex y el Ópera quedan a pocos pasos del Obelisco.
En Corrientes también tiene su casa la pizza al estilo porteño. Las pizzerías tradicionales de la avenida, entre las que Güerrín es de las más conocidas, sirven pizzas gruesas y cargadas de queso. Pida una fugazzeta, rellena de queso y cubierta de cebolla, y busque la fainá, un pan plano de harina de garbanzo que los porteños colocan encima de la porción.
Muchos clientes habituales comen de pie en la barra («de parado»), lo que resulta más rápido que esperar mesa. Si se sienta a la mesa, en Argentina es costumbre dejar alrededor de un 10% de propina. Antes de pedir, consulte los precios vigentes en la pizarra.
Un paseo con el Obelisco como eje
El Obelisco es el centro de una buena media jornada a pie:
- A pocas cuadras hacia el norte por la 9 de Julio se encuentra el Teatro Colón, el gran teatro de ópera de la ciudad, cuyas visitas guiadas al interior siguen un calendario publicado en su web oficial.
- La Diagonal Norte (Avenida Presidente Roque Sáenz Peña) parte de la plaza hacia el sureste y llega en línea recta a la Plaza de Mayo y la Casa Rosada.
- Muy cerca de ese trayecto, la Avenida de Mayo conserva cafés históricos, entre ellos el Café Tortoni.
- La calle Florida, peatonal y comercial, queda a un corto paseo hacia el este.
Un orden razonable consiste en ver primero el Obelisco, bajar por la Diagonal Norte hasta la Plaza de Mayo y regresar por la Avenida de Mayo. Por la noche, vuelva a Corrientes para ver un espectáculo y comer una porción. Es entonces cuando el monumento luce más imponente, iluminado sobre el tránsito y los carteles de los teatros.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se llega al Obelisco en subte?
Debajo del monumento hay estaciones de tres líneas de subte: Carlos Pellegrini (Línea B), Diagonal Norte (Línea C) y 9 de Julio (Línea D). Las tres están comunicadas bajo tierra y el pasaje se paga con la tarjeta SUBE.
¿Se puede entrar en el Obelisco?
Por lo general, no. El interior suele estar cerrado al público, así que lo mejor es contemplarlo desde fuera, ya sea desde la plaza, desde las medianas o desde las avenidas que llegan hasta él.
¿Cuánto tiempo conviene dedicar al Obelisco?
Con unos 20–30 minutos hay tiempo de sobra para sacar fotos y leer las inscripciones de la base. La mayoría de los visitantes aprovecha para recorrer los teatros y pizzerías de Corrientes, acercarse al Teatro Colón, a pocas cuadras hacia el norte, o bajar por la Diagonal Norte hasta la Plaza de Mayo.
¿Cuál es el mejor momento para ver el Obelisco?
A primera hora de la mañana se consiguen las fotos más nítidas y hay menos gente. Por la noche el monumento se ilumina y, junto con los carteles de los teatros de Corrientes, ofrece la estampa más animada. Los días de grandes triunfos futbolísticos o de marchas multitudinarias, cuente con aglomeraciones enormes y calles cortadas.
¿Por qué se construyó el Obelisco?
Se levantó en 1936 para conmemorar los 400 años de la primera fundación de Buenos Aires, obra de Pedro de Mendoza. Ocupa el solar de la antigua iglesia de San Nicolás de Bari, donde en 1812 se izó por primera vez la bandera argentina en la ciudad.
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