Borjomi se asienta en el fondo de un desfiladero cubierto de bosque, y lo habitual es recorrerla desde abajo: el parque del balneario, los pabellones de agua mineral, el río. La Fortaleza de Gogia invierte esa perspectiva. Se sale de la ciudad por la calle Giorgi Saakadze y se sigue subiendo hasta dejar los tejados a los pies. Arriba aguarda una hilera discontinua de viejas murallas de piedra, con todo el valle desplegado a su alrededor.
La subida es corta, aunque hace sudar, y la recompensa es serena. La mayoría de quienes visitan Borjomi nunca llegan hasta aquí.
Qué le espera en lo alto
Nadie ha restaurado estas ruinas para convertirlas en museo. En la cima encontrará fragmentos de muros de mampostería tosca, con hierba y matorral creciendo entre las piedras. Que se sepa, no hay taquilla, ni cafetería, ni tienda de recuerdos. Precisamente ese estado agreste constituye su encanto: no hay cordones ni paneles explicativos, solo las piedras.
La otra mitad de la recompensa es la vista. Desde la colina se dominan los tejados de Borjomi y la curva que traza el río Mtkvari (Kura), encajonado a ambos lados por las laderas empinadas y boscosas del desfiladero. Esos bosques se prolongan hasta el Parque Nacional de Borjomi-Kharagauli. Desde aquí arriba se comprende por qué se levantó una fortaleza en esta colina: vigila todo el valle.
La subida desde la calle Saakadze
La fortaleza aparece registrada en el código R9RG+HH7, en la calle Giorgi Saakadze. Ese código plus es la referencia más fiable para orientarse, así que introdúzcalo en Google Maps o en una aplicación similar antes de salir de su alojamiento. Los nombres de las calles de Borjomi no siempre se distinguen bien sobre el terreno, y la señalización hacia la fortaleza es escasa.
No se trata de un paseo asfaltado, sino de una cuesta por terreno irregular. Estos consejos le facilitarán la subida:
- Calzado con buen agarre. Junto a las murallas el suelo es de tierra y piedra suelta, y resbala después de llover.
- Agua. En la cima no hay dónde comprarla.
- El móvil cargado. Lo necesitará para seguir la ubicación en el mapa y para tener luz si se le hace más tarde de lo previsto.
- Luz del día. La ladera no tiene iluminación, así que baje antes de que oscurezca.
Entre la subida, una vuelta tranquila por las ruinas y el regreso, la mayoría de la gente invierte de una a dos horas. Quien esté en buena forma y vaya con prisa tardará menos. Quien se siente en una muralla a picar algo tardará más.
El mejor momento para subir
Google indica actualmente que el recinto está abierto 24 horas. En la práctica, eso solo significa que son unas ruinas sin verja. Aquí lo que importa no es el horario, sino la luz y el tiempo.
A primera hora de la mañana y al final de la tarde la subida resulta más llevadera: la ladera no está achicharrada por el sol del mediodía y la luz rasante realza la textura de la piedra. Entre finales de la primavera y principios del otoño encontrará senderos secos y laderas verdes. En invierno, la nieve y el hielo pueden hacer traicionero el último tramo, así que evalúe el terreno ese mismo día y no se arriesgue.
Si quiere ver la puesta de sol desde las murallas, lleve una linterna y emprenda el regreso mientras quede algo de luz para distinguir el camino. Bajar a oscuras por una ladera pedregosa es la forma más fácil de torcerse un tobillo.
Normas de conducta en unas ruinas sin vigilancia
Aquí arriba no hay guarda, de modo que el comportamiento en el recinto depende de cada visitante. Algunas costumbres le harán bienvenido:
- No se suba a lo alto de los muros. La mampostería es antigua y en algunos puntos está suelta. Trepar por ella supone un riesgo para usted y daña un monumento que apenas cuenta con protección.
- Llévese la basura. En la colina no hay papeleras.
- Salude a quien se cruce. En Georgia lo normal es un sencillo gamarjoba (hola), y los vecinos que pasean por las laderas suelen devolver el saludo.
- Cuente con encontrarse perros. En las ciudades georgianas abundan los perros sueltos. La mayoría se muestran indiferentes o amistosos, y algunos le acompañarán encantados en la subida. No eche a correr delante de ellos.
- Guarde algunos lari en efectivo para después. Las pequeñas panaderías y tiendas de la ciudad no siempre aceptan tarjeta.
Como se trata de un rincón poco concurrido, a menudo tendrá las murallas casi para usted solo. Razón de más para dejarlas tal como las encontró.
Cómo combinarla con el resto de Borjomi
La subida encaja sin problema en una jornada en la ciudad. Abajo, en el valle, el gran atractivo es el Parque Central de Borjomi. En su pabellón del manantial se puede probar directamente de la fuente el agua de Borjomi, salada y con gas natural, y los senderos de la orilla del río se adentran en el desfiladero.
A poca distancia de la ciudad se encuentra el Palacio Románov de Likani, residencia de verano construida para una rama de la familia imperial rusa. Para una excursión más larga, los senderos del Parque Nacional de Borjomi-Kharagauli comienzan muy cerca. También puede tomar en Borjomi el tren de vía estrecha que sube hasta la estación de esquí de Bakuriani.
Una buena fórmula consiste en subir a la Fortaleza de Gogia a primera hora y dejar el parque para la tarde. Así se quita la cuesta de encima con las fuerzas intactas y pasa el resto del día en terreno llano.
Cómo llegar a Borjomi
Borjomi pertenece a la región de Samtsje-Javajeti (Samtskhe-Javakheti), en el centro-sur de Georgia, y es una excursión habitual desde Tiflis. Las marshrutkas (microbuses compartidos) salen de la estación de autobuses de Didube, en Tiflis, y tardan entre dos horas y media y tres horas aproximadamente. También hay trenes, aunque son más lentos. Como los horarios cambian, consulte las salidas vigentes en la estación o en la web de los Ferrocarriles de Georgia.
Desde Kutaisi y el oeste del país, los microbuses y las carreteras llegan remontando el valle del Mtkvari por Jashuri (Khashuri). Una vez en la ciudad, a la fortaleza se puede ir andando desde el centro. Si prefiere reservar las piernas para la colina, encontrará taxis con facilidad.
¿Merece la pena el esfuerzo?
Sí, si le gusta la historia sin adornos. En la Fortaleza de Gogia no hay guías, ni placas, ni nadie que le venda una entrada. Lo que encontrará son piedras antiguas, una vista amplia y la calma de una colina que la mayoría de los visitantes de Borjomi pasan por alto.
Además, la subida cambia la manera de ver la ciudad: el parque, el río y el desfiladero se funden en un único paisaje. Cuando vuelva a bajar, sabrá dónde está cada cosa.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se llega a la Fortaleza de Gogia en Borjomi?
Figura en la calle Giorgi Saakadze, con el código plus R9RG+HH7. Como apenas hay señales sobre el terreno, conviene introducir ese código en Google Maps antes de salir. Desde el centro de la ciudad se sube a pie por una cuesta.
¿Cuánto tiempo lleva la visita?
Entre una y dos horas, contando la subida, el paseo entre las murallas y el descenso. Un caminante en buena forma y con prisa puede hacerlo en menos tiempo.
¿Cuál es el mejor momento para ir?
Google indica que el recinto está abierto 24 horas, puesto que se trata de unas ruinas sin verja, pero lo recomendable es ir de día. A primera hora de la mañana y al final de la tarde hace menos calor y la luz favorece las fotografías. Los senderos están más secos entre finales de la primavera y principios del otoño. En invierno, el hielo y la nieve pueden volver peligrosa la subida.
¿Qué se encuentra uno en la fortaleza?
Unas ruinas medievales con restos de murallas de piedra y vistas sobre Borjomi y el valle del Mtkvari. No hay ningún tipo de servicio, así que lleve agua y calzado con buen agarre, y bájese su basura.
¿Qué más se puede visitar en los alrededores?
Ya en la ciudad, abajo, están el Parque Central de Borjomi y su manantial de agua mineral. El Palacio Románov de Likani queda a poca distancia, y desde Borjomi resulta fácil llegar tanto al Parque Nacional de Borjomi-Kharagauli como al tren de vía estrecha que sube a Bakuriani.
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